La izquierda, tal y como se había entendido en la segunda mitad del S. XX ha cambiado. Pareciera una obviedad esa afirmación a los ojos de los paises occidentales o desarrallados pero no lo es si se mira desde el prisma de muchas organizaciones de la izquierda latinoamericana. El caso es que mientras en Europa cada semana se nos cambian las preguntas y tenemos que buscar nuevas repuestas racionales que resuelvan la pregunta planteada, y buscamos nuevos autores vivos como Sampedro, Arcadi Oliveras, Manuel Castells, etc. que nos permitan comprender los procesos en los que nos encontramos desde un prisma de izquierda, en algunos lugares del mundo el desarollo ideologico intelectual ha quedado reducido a Lenin, Estalin, Marx, Trosky o a los logros de luchas de hace 40 años, y en el mejor de los casos al pensamiento guevarista. Son como burbujas en tiempo real donde la práctica y el pensamiento va acorde con una realidad ajena al resto del universo que suele enjendrar jóvenes viejos y mantener a los viejos jóvenes en una simbiosis del todo ilógica.
Comprender que vivimos en un mundo globalizado en el que el pensamiento tiene nuevas herramientas de las cuales nutrirse como internet, que nos permite aprender de otras experiencias, no solo nos recupera como entes militantes sino que nos permite establecer redes de creación colectiva y nuevas formulas de organización social con nuestros hermanos de otras partes de mundo.
Venezuela, desde la primera década del siglo XXI acuñó su nueva estetica y su nueva práctica revolucionaria, el “Socialismo del S.XXI” que aunque pudiera ser exportado a otros paises del continente, parece que por la generosidad que conlleva una práctica social transparente y de amplia participación, no consigue cuajar mas allá de sus fronteras. Romper con las malas prácticas adquiridas por gobernantes de la seudoizquierda en algunos paises, así como la disputa de la hegemonia ideológica de otras potencias continentales parece que son los principales problemas con los que la gran masa social, ansiosa de cambios reales que les permitan vivir y crecer en dignidad en muchos de estos paises, se enfrentan. Importante también es reseñar la influencia anglosajona y/o sionista en el continente américano, pero eso es tema de otra reflexión que publicaré en los próximos días.
Buncando una manera de aportar algo a un debate en el que vengo participando en las últimas semanas en torno a estas reflexiones, no me he cansado de insistir sobre la importancia de crear espacios abiertos de encuentro en los que diferentes sensibilidades puedan confluir, de una manera generosa y honesta, para construir conjuntamente iniciativas conjuntas. El uso del arte como medio de reflexión y de creación de identidad colectiva, rompiendo la hegemonia cultural norteamericana, en paises con profundas tradiciones artisticas es una estrategía no solo fructífera sino también un sintoma de salud de los movimientos que pudieran surgir. Es necesario cambiar las prácticas, evolucionar las ideas, reinventarse para sumar y sobre todo, en estos momentos en los que los gobiernos de la derecha y las coorporaciones mandan, (a mi entender los Gobiernos son el brazo político que defiende el terrorismo que practican los mercados). Es momento de dejar los santos y las virgenes en casa para encontrarnos no solo en las calles sino también en espacios neutros que nos libren de prejuicios para encontrar nuevas sinergias.
En ese camino me encontrarán, en el de la construcción permanente y la reinvención constante para pelear contra la revolución neoliberal que estamos viviendo. Una revolución que abarca cada rincon de este mundo y en la que todas las sociedades y civilizaciones somos víctimas.
Absolutamente de acuerdo. No vale de nada quedarse en casa quejándose. Tenemos que salir a la calle, hablar, dialogar, contrastar opiniones y aportarnos mutuamente. No recuerdo ninguna revolución que se hiciera desde un sillón, desde luego…
Nos quieren tapar la boca y convertirnos en auténticos alienados… no, no lo conseguirán.
Saludos amigo…