Ayer se anunciaba el acuerdo al primer y mas complejo punto sobre la mesa de negociación entre las FARC y el Gobierno de Colombia que se mantiene en Cuba; la reforma agraría, que entre otras cosas reconoce “… el acceso y distribución de tierras, la lucha contra la pobreza, el estímulo a la producción agropecuaria y la reactivación de la economía del campo”, así como “… asistencia técnica, subsidios, créditos, generación de ingresos, mercadeo, formación laboral, políticas alimentarias y nutricionales”, según reconoció el vocero del Gobierno en rueda de prensa desde La Habana dando lectura al comunicado que las dos partes habian acordado.
Que las FARC y el Gobierno de Colombia negocien el final del conflicto de manera abierta, con luces y taquigrafos, no hace otra cosa que reconocer los problemas de fondo que lo originaron así como que la única salida posible y real es esa, la busqueda de formulas que reparen las desigualdades que hicieron a “los rebeldes” levantarse en armas hace ya mas de cincuenta años, que pueda desembocar en la disolución de la guerrilla en una nueva plataforma política que en igualdad de condiciones que el resto de partidos colombianos, pueda concurrir con su proyecto político a las elecciones.
Hablamos de Colombia pero podriamos hablar de Irlanda del Norte donde después de décadas también se consiguió a través de la negociación política un exitoso proceso de paz. Pensando en todos estos procesos, me es dificil no mirar hacia España y ver como se ha venido tratando el conflicto armado entre ETA y el Gobierno español. Se ha utilizado al independentismo vasco, o catalán, fuera de sus territorios por los partidos de Gobierno de España, el PP y el PSOE, como acicate para conseguir el voto del odio.
Ha sabiendas de que el embrutecimiento de la sociedad permite una mejor y mas efectiva manipulación de la masa de votantes, durante décadas, ambos partidos empredieron una estigmatización de cualquier movimientos social que pudiera venir del País Vasco hasta el punto de que todo era ETA, daba igual si los activistas no tenían nada que ver con el entramado de esa organización y fueran anarquistas, ecologistas, maestros en huelga o estudiantes en defensa de la educación. En España, los gobiernos acostumbrarón a la sociedad a través de medios de comunicación cómplices, que una y otra vez omitian otras realidades diferentes a las versiones oficiales, que lo crítico era ETA, o que simpatizaba o estaba próximo, y así en esa lógica, dos años después de la tregua indefinida declarada por la organización armada, sujetos del gobierno han ido buscando como criminalizar a movimientos en las antipodas ideologicas de cualquier independentismo, como es el caso de las Plataformas de Afectados por la Hipoteca o de las defensoras del Aborto Libre y Gratuito, utilizando esa misma estrategía pero a todas luces ya fuera de contexto que pudiera parecer real, haciendo con ello un ridículo extremo.
En este tiempo, incluso se ha implicado en el proceso de resolución del conflicto en el País Vasco a un grupo de expertos internacionales liderado por Kofi Anan, que una y otra vez han repetido la firmeza de voluntad de acabar con esta situación que el gobierno español ha venido ignorando hasta ahora sabiendo que su estrategía de captación de votos en muchos sectores de la sociedad se le podría derrumbar, por no hablar de las empresas de seguridad que gestionaban los escoltas a los amenazados por ETA que en este proceso de solución pierden un negocio.
Es cierto que en Colombia, especialmente en la era Uribe, la existencia de las FARC daban al ex-presidente una excusa para perseguir también a cualquier disidencia, y si alguien lo duda que se lo pregunten a las organizaciones de Derechos Humanos a las que grupos paramilitares e incluso el propio ejército colombiano perseguía a sus miembros emprisionandolos e incluso asesinandolos bajo la vaga acusación de colaboración con las FARC. Por fortuna, la desaparición de Uribe de la escena política colombiana y la llegada de Santos, ha conseguido movilizar a cientos de miles de colombianos implicados en la calle en la solución de este conflicto como se pudo demostrar en la masiva manifestación que transcurrio por Bogotá el pasado mes de Abril a la que acudierón un millón de colombianos.
El caso es que poco a poco vamos viendo como procesos abiertos desde hace décadas se van cerrando con procesos de negociación en los que los gobiernos se implican directamente en una mesa de negociación con bandas armadas como en Colombia, Turquía (donde Erdogan ha alcanzado acuerdos con el PKK) o Reino Unido (que negociando con el Sinn Fein facilitó la desmovilización del IRA), miéntras otros procesos se mantienen vivos por interesés espurios en los que los únicos beneficiados son pequeñas élites políticas y empresariales manteniendo a pueblos enteros como damnificados. El caso del País Vasco no es el único pero si hay un caso significativo de injusticia y de no consenso como es el del mantenimiento en prisión de Arnaldo Otegui pese a que cientos de miles de personas en el País Vasco y de todas las sensibilidades sociales se han comprometido pidiendo su escarcelación definiendole incluso como un agente político de paz.
Otro caso de intransigencia y de opresión sostenida por la comunidad internacional es el de los palestinos. 65 años después del exilio forzoso de cientos de miles de personas de sus hogares, la impunidad de Israel sigue vigente. No ha habido proceso de paz que no estuviera amañado de antemano y que no perjudicase en su aplicación a los palestinos, y no ha habido interlocutor palestino que no hubiera sido definido con anterioridad a serlo como terrorista. Estas situaciones no hubieran podido darse de no ser tratado Israel como un país normal, cosa que ni lo es, ni lo ha sido nunca, ni nunca lo será mientras exista sobre las cenizas de otro pueblo que pese a quién pese sigue vivo en su territorio ocupado, en el exilio o en la memoria colectiva de la humanidad.
Es dificil no ser sensible y como internacionalista sentir envidía de los logros del proceso de paz colombiano teniendo al País Vasco y a Palestina en la cabeza. Celebro con cautela las primeras noticias que vienen desde Cuba y sueño con poder vivir y ver un proceso similar a la mayor celeridad en mi tierra natal, el estado español, y en la adoptiva, Palestina, en la que la justicia y anhelos de mis amig@s puedan verse satisfechos desde la justicia. No me olvido tampoco de que la negociación política como resolución de un conflicto ha de darse recogiendo las causas que lo originaron, de otro modo la semilla nunca dejara de estar enterrada del todo para que pueda florecer una paz justa y duradera.



